Sentarte con tu hijo a hacer los deberes… ¡Error!
En varias ocasiones, oigo a los padres decir que se tienen que sentar con sus hijos si quieren que hagan los deberes. No entraremos en el tema de organizárselos, gestionárselos y usar el whatsapp como medio de información para lo que deben hacer los niños en casa.
Puedes leer el artículo «Deberes, papás y … Whastsapp!!» pinchando aquí.
Nos centraremos en cómo ayudarles a la vez que les educamos. Es importante que les acostumbremos desde pequeños para poder desarrollar su autonomía e independencia a lo largo de su carrera estudiantil. Si queremos ayudarles de verdad, deberíamos seguir varias pautas:
1.- Deben tener un lugar fijo y tranquilo donde realizarlos.
La rutina en los niños es fundamental y disponer de un espacio donde hacer los deberes a diario facilitará esta tarea.
2.- Es recomendable que sea todos los días a la misma hora.
Seguimos insistiendo en la rutina, esta vez haciendo los deberes siempre a la misma hora (siempre que nos deje el tetris realizado a principio de curso para cuadrar extraescolares, claro). De esta manera será más fácil que llegue el momento en el que los niños interiorizan esta rutina y se pondrán ellos solos sin que los papis les digan nada. También es bueno hacerlo pronto por la tarde (antes o después de comer). Cuanto más tarde, más cansados están y más les costará.
3.- Les debemos marcar un tiempo para que las acaben.
Cuántas veces he oído también aquello de…
«se estuvo dos horas en su cuarto y no acabó los deberes»
… con un halo de desesperación parental. Estableceremos un tiempo diario para la realización de las tareas. Acabado ese tiempo, los libros se recogen y se prepara la mochila para el día siguiente. Si no los han acabado, podemos escribir una nota al profesor explicando lo ocurrido. Incluso sería conveniente tener una tutoría para explicarle tus intenciones y pedirle su apoyo. Trabajando en equipo padres-profesores, cambiar la actitud de los niños es mucho más fácil.
4.- Deben saber que estamos para ayudarles SOLO CUANDO LO NECESITEN.
Creemos que les hacemos un gran favor si nos sentamos a su lado y dirigimos sus tareas a la vez que les explicamos lo ya explicado en clase. Después de las evaluaciones, no entendemos «por qué ha sacado esa nota tan baja si ayer se lo sabía muy bien«. La respuesta es muy sencilla: Les hacemos flaco favor pues les estamos acostumbrando a tener siempre a alguien a su lado. Ante cualquier problema, no van a saber cómo reaccionar porque nunca han tenido que hacerlo. Un adulto lo ha hecho por ellos. Y un problema para ellos puede ser el enunciado de un ejercicio en un control. No lo entiende y no le hemos dado las armas y estrategias suficientes para sacarlo adelante, volver a leerlo, preguntar,… Puede saber la respuesta si tú, como padre, se lo preguntas; pero no la sabrá si tiene que enfrentarse solo.
Debemos estar cerca de ellos, haciendo tus quehaceres. Que ellos sepan que, si no entienden algo y necesitan de una breve explicación, tú estarás ahí para ayudarle. Pero primero debemos insistir en que lo intenten hacer ellos solos y la ayuda se pide solo cuando estén «desesperados, atascados». En cuanto vean la luz, nos levantaremos de nuevo y les dejaremos continuar con sus tareas mientras seguimos cerca de ellos haciendo las nuestras.
En mi casa siempre se ha actuado así. En ocasiones me he sentido «mala madre» por no estar más atenta de sus deberes.
Me preguntaban madres acerca de las tareas de un día en concreto y ni siquiera sabía lo que había hecho mi hija ni de qué asignatura (no hablaré del confinamiento y sus estudios; «en casa de herrero, cuchillo de palo»). En realidad, me sigue pasando. Pero he aprendido que no es mejor madre la que más tiempo dedica a este menester con sus hijos. Si no sé qué deberes han hecho mis hijas por las tardes es porque confío plenamente en ellas, estoy segura de que los han hecho y no se lo he tenido ni que recordar.
Algo habré hecho bien, ¿no?


Más razón… imposible.