Refuerzo positivo
Yo estoy a favor totalmente del refuerzo positivo. ¿Y qué significa esto? Pues que debemos hacer caso solamente a las conductas positivas que tienen los niños y obviar las negativas. Os pongo un ejemplo. Un niño tenía la costumbre de “escaparse” de mi clase cada vez que le regañaba. Se enfadaba y se iba. Al principio, por mi miedo a que se saliese del colegio, iba detrás de él. Nunca olvidaré su cara, riéndose y jugando conmigo porque no le podía pillar. Un día decidí seguir dando la clase como si nada y no salir a buscarle. Avisé al conserje, le expliqué la situación para asegurarme que no saliese del colegio. Volvió él solo, al ratazo eso sí, pero volvió, se sentó en su mesa y se puso a trabajar. Cambié mi cara, irradiaba felicidad, le abracé y le dije: ¡Cuánto me alegro de tenerte aquí conmigo! A los pocos días hizo la intentona de volverse a ir, se quedó en la puerta y me avisó: “Teacher, que me voy”. “Vale” fue mi respuesta y seguí con la clase. Después de pensar un poco en la puerta (la verdad que le dejé un poco descolocado) entró en clase, se sentó y empezó a trabajar. De nuevo, otro abrazo.
A todos nos gusta que nos den una palmadita en la espalda
Con esto quiero decir que debemos no hacer caso a las malas conductas, como que no les vemos, no existen. Sin embargo, debemos resaltar muchísimo las positivas. Por ejemplo, si un día a tu hijo se le ocurre poner un plato en la mesa, sería un error decirle que ¡sólo ha puesto un plato! “Haremos una fiesta” por ese plato. Aplaudimos y nos ponemos contentos porque así conseguiremos que al día siguiente ponga dos y poco a poco acabará poniendo la mesa. Si estás interesada, en este otro artículo te hablo de como actuar ante las temidas «pataletas».

